20 mar. 2012

Cajitas~

So, así va la cosa.. las guardan en sus ordenadores y las imprimen en cartulina, recortan, doblan, pegan la pestañita y LISTO!

DBSK

Jessica

Taeyeon

Tiffany

Yuri

16 ene. 2012

[Oneshot] Untitled


Título: Untitled
Autor: Vi-Chan
Pareja: YooSu
Género: Slash
Extensión: Oneshot

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Estaba temblando. Ya lo habíamos discutido y prometido, sería la última vez que habría un encuentro entre los dos. Así lo querías, lo sabía.

No quería que hablaras, el tiempo era corto e insuficiente. “Bésame, tócame” susurré. No sabía porque habíamos perdido el control, todo se había vuelto vicio con sabor a amor. Así que bésame y entrégate que hoy es la última vez que ambos pecamos y contra el cielo cumpliré mi promesa, pero esa noche serías mío hasta el amanecer, aunque luego vuelvas a brazos ajenos.

Maldigo mil veces a ese ciclón de amor que me arrastra, que me lleva hacia ti, que me enseña los panales de tu miel, que me envuelve lentamente en la ilusión de tu corazón. Que me ahoga en esa dulzura de tus labios, esos que tanto adoraba besar.

Entrégate, siente lo mismo que sentiste ayer. Seca esas lágrimas que ignoro si son por mí o por ella, aunque mi corazón me traicione y obligue a mi mente a pensar que quizá esta no sea la última vez.

Tú eres como la enredadera, que se extiende por todo el terreno sin importarle nada, con tu sonrisa y tus miradas me atrapabas con sutileza, en esa red de ilusión en donde tienes aprisionado a mi pobre corazón.

Las horas rápidamente se desvanecían, el tiempo se acortaba y yo sólo le suplicaba al cielo que me dejara darte calor, que me dejara amarte en un sistema solar en donde mi sol sea tu corazón. Prometo hacerte feliz, yo sé perfectamente que no soy el mejor. También se lo que es el dolor ya que me han hecho sufrir muchas veces.

Pero una vez más la realidad me daba una fuerte sacudida, desequilibrando mi vida, esa que construí a base de sueños, sueños que se han quedado guardados en el fondo del cajón. Por más que mis ojos lloraran y mi corazón muriera lentamente desangrado, ese puente que creí haber construido sobre el abismo se volvía humo, distorsionando mi vida y empañándola de tristezas.

Me susurraste un te amo y un adiós en los labios, antes de levantarte de la cama, tomar tus cosas y salir de esa habitación de hotel sin siquiera mirar atrás. Te fuiste.

Te fuiste como aquel que algo ha robado dejándome con una injusta decepción y un corazón marchito. Te fuiste…

“…Y no vuelvas,” susurré. “Fuiste tú el que se decidió marchar. No vuelvas porque no hallarás de aquello que me sobraba y que tanto te entregué.” Me tragaba mis lágrimas mientras aún permanecía sentado en la cama, viendo la puerta cerrada de la habitación. “Ya verás como el tiempo borra todo y muy caro lo pagarás por haberte ido de ese modo. Ya sabes cómo se vive la vida y con tu partida algo más sucederá, veras que por necio y malcriado, cuando decidas volver no habrá nada.” Murmuraba con resentimiento. “Porque yo también me iré Yoochun.”
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Había pasado más de un año desde ese triste día, ese que quedó marcado profundamente en mi alma. Había jurado que lo olvidaría, pero el corazón nunca escucha a la razón así que sólo me quedaba atesorar cada uno de esos recuerdos felices que vivimos. Me pregunto si para Dios todo es un chiste, cuando me había decidido a alcanzar el cielo, este se desplomó a mis pies.

Abro la puerta del edificio y voy directamente hacia mi buzón, tomo mis cartas y me pongo rumbo a mi apartamento, escaleras arriba. Dentro de este, me quito los zapatos y lanzo las llaves en la mesa, caminando hacia el sofá dejándome caer sobre él.

Despreocupadamente veo uno a uno los sobres, facturas de luz, de agua, de gas, la tarjeta de crédito. Pero una carta llamó mi atención.

No tenía ni estampilla ni remitente, solo se podía leer “Kim Junsu” en una cursiva y desordenada letra que jamás olvidaría. Mi corazón se aceleró de repente y fue como si volviera a latir después de tanto tiempo.

Con temblorosas manos abrí cuidadosamente el sobre, como si este se fuera a deshacer con el roce de mis dedos y saqué la carta. Con una presión en el pecho fui desdoblándola lentamente y mi corazón amenazaba con salírseme por la garganta cuando comencé a leerla.

“Junsu, sé que nosotros no nos despedimos en los mejores términos la última vez que nos vimos, pero quisiera pedirte disculpas por lo sucedido. No fue nunca mi intención herirte, pero en ese entonces necesitaba alejarme de ti.

Por tu bien fue que lo hice, sé que suena trillado, pero esa es la verdad. No quería que me vieras en las condiciones en las que estoy, pero a este punto ya he mandado todo al diablo. Quiero pedirte perdón, perdón por las promesas rotas. Perdón por las noches de amargura, de soledad y tristeza. Y perdón por esta carta.

No sabía que eras tanto para mí, lo eres todo y mucho más. En este lugar las personas se vuelven nada, todo es blanco y negro sin tu brillante sonrisa y todos los días me pregunto si podría ser más estúpido.”


Aparté la carta de mi vista con los ojos nublados y el ceño fuertemente fruncido, no sabía si iba a ser capaz de terminarla de leer sin derrumbarme en el camino. Se te hizo tan fácil dejarme abandonado a mi suerte y alejarte de mí, Yoochun, para ti fue sencillo tachar nuestra historia. Sin mirar atrás dejaste que el invierno de una sombría soledad me abrazara, derrumbaste mi espacio y con el sepultaste mi amor sin siquiera una lágrima en tu adiós. Mientras yo quedé atrapado y encadenado a tu recuerdo cada día siendo esclavo de tu ausencia, dejando la tortura insoportable de un recuerdo cada mañana.

Maldición, ya me derrumbaba y no terminaba la carta.

“A los cuatro vientos quiero gritar que fui un imbécil, que aún te amo. Pero mis fuerzas no dan para tanto. Eres un ángel que se cruzó en mi camino, juvenil con mejillas sonrosadas, inocente personalidad y de castigo un rostro angelical. Eres mi milagro personal Junsu, te apareciste en mi vida cuando más te necesitaba y te pagué con abandono.

No deseo recuperar el tiempo perdido, no. El único deseo que tengo es que seas feliz, que a pesar de todo lo que pase, seas finalmente feliz. Porque no hay una sola alma en este planeta que se lo merezca más que tú, amor.

Quisiera tener más tiempo. Quisiera volver a verte feliz, verte soñar, daría lo que fuera por volver a verte sonreír. Una vez frente al mar deseé que estuvieras junto a mí, y como gaviotas volar sobre las olas en un viaje sin rumbo ni retorno. Un viaje hacia nuevas tierras, en donde el amor no conozca barreras y bajo un cielo añil entregarte todo de mí.

Pero de sueños no se vive, y ciertamente a mí no me queda mucho de eso. Junsu, si me alejé de ti, fue para evitarte un dolor mayor. Pero siendo el egoísta que soy, te digo con esta carta que te necesito ahora más que nunca.

Estoy enfermo, Junsu. Los doctores no me han dicho nada aún, pero sé que no me queda mucho tiempo, lo puedo sentir. La vida se me está escapando lentamente y lo único que quiero es verte una vez más, una última vez. Nadie se imagina lo que se siente estar solo en el silencio de esta blanca y esterilizada habitación cerrada, charlando a solas con el frío de una almohada. Recordarte, soñarte y despertar sin poder ver tu rostro. Sentir como todo se desvanece en una neblina brillante y etérea.

Por favor, una última vez, una vez más. Solo pido ver tu rostro frente a mí, el real y no la alucinación que de vez en cuando me engaña cruelmente. Por favor, tómalo como el último deseo de un alma convaleciente.

Te amo.

Yoochun.”


Mi corazón dio un vuelco y mis ojos no paraban de derramar lágrimas. Adjuntado a la carta estaba una dirección. Un hospital.

Mierda.

Me levanté de golpe, haciendo un desastre en el suelo con las cartas restantes y colocándome los zapatos apresuradamente salí corriendo. Corrí como si mi vida dependiera de eso y ciertamente lo hacía.

Entré en mi auto y pisando a fondo el acelerador llegué hasta el hospital general de Seúl en poco tiempo. Aparqué y entré a zancadas, llevándome personas por el medio mientras “lo siento” y “disculpe” salía de mi boca haciéndome paso hasta la recepción.

“Buenas tardes señor, en qué—”

“Park Yoochun.” Interrumpí apresuradamente a la enfermera y esta comenzó a buscar en la computadora con un leve fruncido.

“¿Junsu…?” Escuché que susurraron a mi derecha y volteándome me encontré con ella.
Inmediatamente mi rostro se tornó fúrico ya que la persona a la que menos deseaba ver era a la esposa de Yoochun.

“Junsu…” Repitió mi nombre, pero su voz era diferente, tenía un tono de tristeza que pronto me empezó a poner nervioso. Se acercó a mí con pasos temblorosos y pude detallar su rostro.

Lucía pálida y tenía unas muy obvias ojeras. Sus ojos estaban hinchados y de ellos más lágrimas rebeldes se escapaban. La corazonada que tuve no fue nada buena.

Súbitamente ella hizo algo que jamás en toda mi vida imaginé que haría. Se abalanzó sobre mí, abrazándome fuertemente por la cintura y enterrando su rostro en mi pecho, mientras se desplomaba en mis brazos llorando incontrolablemente.

No…

Me quedé de piedra, le devolví el abrazo únicamente para evitar que cayera y entre sollozos me decía. “Él… Yoochun... Se fue.” Se escucharon más sollozos. “Junsu...” Subió su rostro empapado y me miró a los ojos, diciéndome con ellos lo que de su boca se rehusaba a salir y sentí mis ojos arder.

“¡MALDICION! ¡MALDITO ORGULLOSO!” Grité desgarrando mi voz. “¿¡Por qué esperaste hasta el último momento!? ¡Maldita sea Yoochun!” Se me hizo un nudo en la garganta que me impidió decir nada más y mis piernas fallaron en ese instante, haciéndonos a ambos colapsar en el frío suelo del hospital.

¿¡Por qué esperó hasta el último momento para decírmelo!? ¿¡Por qué se alejó de mí cuando me necesitaba!? ¿¡Por qué tenía que ser tan imbécil y orgulloso!?

¿Por qué? ¿Por qué? ¿¡Porqué!?

“Él… en realidad te amaba Junsu,” dijo ella entre sollozos. “Siempre lo supe, ustedes… él me lo dijo todo.” Me separé de ella y la miré al rostro. Bueno intenté, ya que las lágrimas me hacían difícil el trabajo.

“Muchas veces le rogué que te llamara, y cuando perdió su voz, le rogué porque si quiera te escribiera. Pero Yoochun era demasiado terco, decía que no quería que lo recordaras así. El quería que tú lo recordaras sonriente, torpe y enamorado.”

Jamás pensé que sentiría simpatía por esa mujer, siempre la puse como la culpable de que él y yo jamás pudiéramos estar juntos, pero al parecer me equivoqué.

“Gracias por… cuidar de él, Hyejin shii” dije intentando callar mis sollozos y ella sonrió.

Sonrió con sus ojos llorosos y sus rebeldes lágrimas cayendo. “Te dejó algo, me pidió que cuando vinieras, te lo entregara.” Buscó en su bolso y sacó de este un papel.

Otra carta.

Lentamente se puso de pie, secándose el rostro con la manga de su sweater y extendiéndome una mano para ayudarme a levantar. “Gracias a ti, por amarlo como lo haces.” Me entregó el papel y dándose media vuelta, desapareció cruzando en una esquina de los tantos pasillos del lugar.
“Mañana cuando tus cabellos se vistan de blanco. Mañana cuando un viejo espejo refleje tus años. Mañana cuando todo el mundo te pueda hacer daño, tal vez te acuerdes de aquel que te quiso tanto.

Mañana cuando la vida se canse contigo, recuerda quien siempre te quiso, a tu fiel amigo y compañero. Consuélate al saber que contigo viví los mejores momentos.

Te recuerdo hoy, mi buen amor de ayer, igual que cuando te conocí, perfecto, puro y fiel. Con tus ojos dormidos soñando con la vida, dejando mis caricias juguetear con tu piel.

Te recuerdo hoy como te quise ayer, regando por la casa tu aroma, llevando nuestras vidas por el mejor sendero y guardando un te quiero para nuestra vejez.

Junsu, hermano, amor y amigo. Con estas simples frases te digo, que en la eternidad te esperaré.
Por siempre tuyo,

Yoochun.

Te amo.

[Oneshot] Tainted Love

Titulo: Tainted Love
Autor: Vi-Chan
Pareja: SuJae
Género: Lemon

…A veces siento que debo huir, que debo escapar del dolor que me causas. Todo parece esparcirse en la nada. He perdido mis esperanzas, solo me doy la vuelta, no he podido conciliar el sueño por las noches. Una vez corrí hacia ti, ahora solo intento escapar de este vil amor…



Fui despertando lentamente, no sabía cuando me había quedado dormido, pero sentía un curioso mareo. Abrí mis ojos encontrándome con la total oscuridad.

Mis ojos estaban vendados.

Intenté retirar la prenda que me cegaba pero no pude, mis manos se encontraban sobre mi cabeza, atadas a la cabecera de la cama. Tire y tire intentando soltarme pero fue inútil, solo termine lastimando mis muñecas. El terror empezaba a invadir mi cuerpo, qué demonios es lo que estaba sucediendo!? En donde estaba!? Porque estaba atado!?

Intenté gritar, pero también fue inútil, la mordaza ahogaba mis gritos y las lágrimas empezaban a mojar la venda, que demonios pasaba?

Escuché una puerta abrirse y cerrarse, y luego de eso, pasos acercarse a mí. Yo seguía inútilmente intentando soltarme, pero detuve todo movimiento al sentir unas manos acariciar los costados de mis piernas, subiendo hasta mis caderas y seguir el rumbo hacia mi cintura, inmediatamente empujé al extraño con mis piernas, dándole una fuerte patada que lo hizo caer sonoramente contra el piso de madera.

En menos de lo que pude imaginar, el ya se había puesto de pié y volteó mi rostro con una cachetada, dejando mi mejilla con un terrible ardor, haciéndome sollozar más fuerte.

Se sentó sobre mí, aprisionando mis piernas, evitando otro golpe como el anterior y pude escucharlo bufar con una sonrisa burlona, no la veía pero sabía que estaba ahí.

Sentí cómo su mano acarició mi rostro, retirando lentamente la venda y descubriendo ante mí una gran habitación de negras paredes, rojas y aterciopeladas cortinas sobre una enorme ventana y una cama de sabanas de seda igualmente negras, la habitación estaba prácticamente oscura, estaba únicamente iluminada por la tenue flama en la chimenea, haciendo que el rostro de mi opresor brillara en tonos naranjas, como si de un diablo se tratase.

Mis ojos casi se salieron de sus cuencas al notar quien era él. Lucía perverso, con esa mueca lasciva en su rostro. “Sorprendido? No deberías estarlo” susurró acercándose a mi rostro, haciendo que instintivamente volteara este.

Volvió a bufar. “Sé perfectamente que lo disfrutas tanto como yo, deja de fingir” susurro a mi oído, haciendo que cerrara mis ojos y me estremeciera un poco.

Maldito.

Volvió a esbozar esa sonrisa al ver mi reacción. Se levantó y se dirigió hasta su escritorio, tomando algo brillante de él. Sentí el miedo recorrer mi cuerpo cuando se volvió a acercar a mí y logré divisar lo que era.

Él sostenía un filoso cuchillo, lo alzó y miró por unos segundos, antes de devolver su mirada a mí. Dio unos pocos pasos y se sentó en la cama, abriendo mis piernas por mis rodillas, y situándose entre las mismas.

Acercó el cuchillo a mi rostro y pasó el filo por mi mejilla, lo suficientemente fuerte para aterrarme, pero lo suficientemente delicado como para no herirme. En ese mismo instante mi corazón empezó a latir como loco. Qué demonios pasaba por su retorcida cabeza!?

Tomo la camisa de mi pijama y la alzó solo un poco, empezando a cortarla con el filoso objeto, dejando mi pecho descubierto, y lanzando rápidamente el cuchillo lacia la pared, quedando este clavado en la madera. Mis ojos siguieron el recorrido del cuchillo y rápidamente volvieron a él.

Sus manos comenzaron darle caricias a mi abdomen que hacían que mi respiración se entrecortara, subiendo lenta y tortuosamente hasta mi pecho, pasando por una curiosa cicatriz en forma de X que se encontraba justo en medio de este. Otro de sus regalos.

Cerré mis ojos, tragué fuertemente y luego mordí mi labio inferior, sus caricias eran deliciosas, sus manos acariciaban cada extensión de piel expuesta sin pudor alguno y un pequeño gemido se escapó de mi garganta al sentir la punta de su lengua jugar con uno de esos botoncitos rosa oscuro.

Abrí mis ojos y lo miré. Lucia endemoniadamente sexy, como siempre, maldita sea.

Sonrió divertido al escucharme gemir y continuó lamiendo, para luego ir subiendo lentamente hasta mi cuello, el cual lamio y mordió a gusto, pasando por el lóbulo de mi oreja enviando corrientazos de placer por mi cuerpo y yo no paraba de maldecirlo mentalmente.

“Prometo que esta vez no dolerá…” susurró a mi oído. “…no mucho”

Se incorporó y vi que tomo una larga aguja de la mesita de noche y una extraña pinza con la punta en una forma triangular, con la cual ya estaba más que familiarizado.

Mierda.

Volvió a acercar su rostro a mi pecho, el derecho para ser más específico y jugó un poco más con este, haciendo que mi pezón se irguiera y se alejó de él. Con esa maldita mueca me miró de nuevo, sacando su lengua por la comisura de su boca y arqueando las cejas.

Tomó la pinza y apretó mi pezón fuertemente, haciendo que un grito ahogado por la mordaza se escuchara a duras penas. Puso el seguro de la herramienta y tomo la aguja, la esterilizó con un algodón humedecido en alcohol, lo supe por el aroma, y la acercó a la punta triangular de la pinza, la cual aprisionaba esa sensible área.

Cerré fuertemente mis ojos y otro grito se escucho cuando la aguja atravesó esa sección de piel, tomó una pieza pequeña y del color de la plata de donde tomó los otros instrumentos y, sacando la aguja, la insertó en la herida.

Abrí mis ojos y observé borrosamente cómo terminaba de enroscar la bolita de la pieza, quitándole el seguro a la pinza y lanzándola en la mesa de nuevo, junto la aguja.

“Listo…” dijo. “No fue tan malo, o si?” sonrió maliciosamente.

Yo lo fulminaba con la mirada y observé lo que había hecho, había perforado esa zona, colocando un brillante piercing color plata, haciendo juego con el que ya tenía en mi otro pezón, el cual él mismo había hecho hace un año atrás.

Desgraciado sadomasoquista.

Observó mi cuerpo semi desnudo y se mordió el labio, se levantó de mí y se recostó a mi lado, yo lo miraba con los ojos completamente abiertos, atento a sus movimientos, mientras sentía el corazón en la garganta.

Con él nunca se podía estar seguro, si alguien le pagaba lo suficiente, era más que seguro que la foto de mi cuerpo sin vida aparecería en las últimas páginas del diario al día siguiente.

Volvió a acariciar mi rostro, clavando sus oscuros ojos en los míos, y su caricia fue descendiendo por mi cuello, pasando por la reciente herida la cual se encontraba especialmente sensible y bajando hasta llegar al borde de mis shorts.

Recorrió todo el borde de ellos con la yema de sus dedos acelerando mi respiración y haciendo que humedeciera mis labios, sus caricias siempre fueron sensuales, deliciosas, adictivas. Lo odiaba. Lo odiaba con todas mis fuerzas. Lo odiaba porque no podía vivir sin él. Lo odiaba por tener el poder de hacer conmigo lo que le placía. Porque cuando más intentaba huir y alejarme, sus caricias me hacían prisionero, sus ojos me llamaban, me hipnotizaban, me hacía delirar.

Lo odio.

Sus manos bajaron un poco más, acariciando entre mis piernas el mas que obvio bulto que ahí se encontraba, con nada más que la tela de por medio. Aspiré fuertemente cerrando mis ojos, ya empezaba a ceder ante él. Realmente ya había cedido a penas quitó la venda de mis ojos y vi ese rostro frente a mí. Ese rostro que fácilmente podría pertenecer a un ángel, pero lo poseía el peor de los demonios. Ese rostro que me cautivaba, ese rostro que había sido testigo de las peores obscenidades y los más sangrientos pecados.

“Abre los ojos…” susurró y su aliento embriagador chocó contra la piel de mi rostro, e inmediatamente los abrí y se volvieron a posar en él. Era increíble como mi fuerza de voluntad desaparecía por completo cuando él si quiera posaba sus ojos en mí.

“Vez que si te gusta,” dijo burlonamente. “ya estas duro…” dijo mirando hacia abajo, hacia donde su mano se encontraba segundos atrás y se levantó de la cama, quitándose la corbata, la camisa y desabotonando sus pantalones blancos. No pude evitar recorrer su torso descubierto, su cuerpo era como el de esas estatuas de dioses de la mitología griega, era perfecto, musculoso y sensual. Lo maldije mil veces más.

Terminó de desvestirse y bruscamente me despojó de las pocas prendas que aun cubrían mi cuerpo. Mis ojos se aguaron al verlo acercarse de nuevo a mí, sabía lo que vendría, y yo intentaba con todas mis fuerzas mantener mis piernas cerradas, pero él era muchísimo más fuerte que yo y las abrió fácilmente, penetrándome bruscamente sin siquiera haberme preparado correctamente volviendo a arrancar un gemido de mi garganta, mis ojos lo veían, no podía ni cerrarlos, el no me lo permitía, y mi espalda se arqueó ante el súbito movimiento.

Comenzó a embestirme lento, pero fuerte, y sus manos se encargaban de recorrer mi cuerpo completamente y yo empezaba a perder la cabeza. Se me hacía difícil el respirar y pude sentir mi sangre arder y subir a mi cabeza. “Maldito” dije entre gemidos mordiendo con fuerza la mordaza.

El tomó el piercing recién hecho y lo torció un poco, haciéndome gritar nuevamente, el dolor se mezclaba con el placer y mi vista se volvía borrosa. Sentí de repente la mordaza aflojarse y parpadeando alejé la nube que cubría mis ojos.

Él tenía razón, disfrutaba todo esto tanto cómo él, pero por la misma razón es que deseaba alejarme de su lado, esa atracción que sentíamos era enfermiza, no era para nada sana. Adorábamos hacernos daño, herirnos para luego olvidarlo todo en la cama. Pero jamás lograba hacerlo, mi cuerpo se volvía sumiso ante sus caricias. Cuando pensaba que tenía el suficiente coraje, venía y me hacia delirar como esta noche.

Retiró por completo la maldita cosa de mi boca, mientras continuaba con sus deleitantes y lentas embestidas, acariciando descaradamente mi miembro haciendo que todo fuera más difícil para mí.

“P-por favor…” suspiré. “No me toques más, no soporto la forma en que juegas conmigo.” Valientemente dije y el simplemente bufó, pasando su mano por detrás de mi cabeza y halando con rudeza de mi cabello y aumentando considerablemente la velocidad de sus embestidas.

“Ahh… por favor…” supliqué entre gemidos pero él me silenció con un rudo y desordenado beso.

“Cállate.” Ordenó entre el beso y yo simplemente hice caso.

Si sus caricias me volvían loco, pues sus besos me terminaban de volver autista!

Sus labios eran carnosos y completamente deliciosos, sus besos variaban entre lo sutil y lo grotesco, y el sabor de su boca era simplemente adictivo. Nuestras lenguas danzaban de boca en boca, intentando respirar con dificultad, el beso fue aumentando más y más de intensidad, al igual que sus movimientos. Intenté inútilmente soltar mis manos una vez más, pero porque quería tocarlo, deseaba acariciar su suave piel, quería hacerlo sentir lo mismo que me hacían sentir sus manos. Necesitaba sentirlo. Tomarlo entre mis brazos. Apretar sus hombros y unirlo más aun a mi cuerpo.

Más y más gemidos eran escuchados por la habitación, todos provenientes de mi boca, y más salieron cuando abrí mis ojos de repente, con la respiración entrecortada y miré el techo de la cama.

El maldito había colocado un espejo de las mismas dimensiones de la cama, dejándome atónito y completamente excitado al ver nuestros reflejos en él. Podía ver su espalda, en si todo su cuerpo, moverse sensualmente sobre el mío, mis piernas alrededor de su cintura presionándolo contra mí y vi mi rostro. Mi rostro en completo éxtasis.

A través del espejo, vi como alzó una de sus manos, desatando el lazo que aprisionaban las mías, dejándolas libres e inmediatamente lo abracé por el cuello, hundiéndolas en su cabello y tirando de él.

“Te odio, maldito desgraciado” dije aun tirando de su cabello, con el rostro serio y el ceño fruncido. El sonrió, lamiendo su labio inferior, pasando luego a morderlo.

“Si me odias como dices,” dijo y me embistió fuertemente haciéndome gemir.

“Cómo es que,” volvió a embestirme más fuerte aún.

“Gimes de placer?” dio otra fuerte embestida.

“Tu cuerpo me dice lo contrario Jaejoong” otra embestida más.

“Sabes que lo quieres, lo deseas,” otra embestida. “lo anhelas…”

Me embestía fuertemente con cada oración y yo simplemente gemía sin pudor alguno. El tenía toda la razón, lo deseaba, cuando lo veía lo deseaba, y cuando no lo tenía cerca lo anhelaba. Era como una obsesión, una necesidad, una atracción enfermiza que se encontraba entre el amor y el odio.

“… o quieres que me detenga?” preguntó bajando la intensidad, haciéndome sentir frustrado y odiándolo con más ganas.

“No…” dije inmediatamente “no… Junsu”

Sonrió complacido ante mis palabras y volvió a darme una fuerte embestida que hizo que mi espalda se arqueara. “Si... Ahhh…” volví a gemir y el comenzó a besar mi cuello, pasó sus brazos por debajo de mi espalda tomando mis hombros y empujándose con más fuerza dentro de mí.

Mis brazos lo aprisionaban contra mi cuerpo, y mis uñas se enterraban en su piel dejando rojas marcas por toda la extensión de su espalda al mismo tiempo que dejaba escapar mi nombre en gruesos gemidos.

Me levantó de repente y me sentó en sus piernas, abrazando mi cuerpo y empujándome contra él. Mi cuerpo rebotaba repetitivamente contra el suyo y nuestras respiraciones chocaban, eran rápidas, entrecortadas y desesperadas. Mi miembro se encontraba presionado entre nuestros abdómenes proporcionándome una exquisita fricción que me hacia delirar. Sentí ese hermoso, delicioso, deleitante y adictivo hormigueo nacer en mi parte baja y esparcirse rápidamente por todo mi cuerpo, estremeciéndome violentamente y mis piernas apretaban a Junsu con más intensidad hacia mi cuerpo.

Mi vista se nublaba, mis oídos se tapaban y sentía que perdía la cordura lentamente mientras llegaba desordenadamente sobre el abdomen de ambos. Sentí a Junsu estremecerse también y lo tomé por el rostro, besándolo abiertamente, dándole un beso tan obsceno como el que siempre me daba, ahogo un rugido en mi boca y yo un fuerte gemido, y sentí su miembro expandirse y contraerse rápidamente, diciéndome con eso que había alcanzado su clímax también.

Nos quedamos un rato más besándonos perezosamente, mientras dejábamos que nuestro malcriado orgasmo pasara. Se separó lentamente de mí y sus ojos oscuros se fijaron en los míos, como indagando en lo más profundo de mi cabeza, como queriendo saber que sucedía dentro de ella.

De repente entrecerró los ojos y volteó la mirada hacia la ventana, ladeando ligeramente la cabeza, e inmediatamente me soltó y caí de espaldas en la cama, se puso de píe y rápidamente se colocó sus bóxers y pantalones, tomo mi ropa y me la lanzó. “Vístete YA” me ordenó y yo en menos de un minuto ya estaba listo, la camisa tuve que dejarla a un lado, ya que ese imbécil la había roto.

“Que sucede?” le pregunté evidentemente preocupado por su cambio de actitud.

“Xiahki sucede” dijo y yo arqueé una ceja, qué tenía que ver el perro en todo?

“Ese maldito perro ladra si pasa una mosca, y ahora que lo pienso, tengo un buen rato sin escucharlo, y eso no es nada bueno,” explicaba. “Tenemos que salir YA mismo de aquí!”

Caminó apresuradamente hacia su camisa que se encontraba en el suelo, pero no pudo terminar de recogerla ya que súbitamente entró en la habitación un hombre de mediana edad, de cabellos negros y cortos, con lentes de pasta gruesa y traje negro.

“Xiah…” dijo el hombre. “Mezclando el trabajo con placer?” sonrió.

Yo me sentí perdido, de qué hablaba ese hombre y quien era?

En un abrir y cerrar de ojos tenía un arma apuntando en mi dirección, y con los ojos desorbitados debido a la impresión mire al hombre de negro, y luego a Junsu, el cual inmediatamente se interpuso entre el arma y yo.

“Lo siento Soo Man,” dijo Junsu. “Podemos hacer esto por las buenas, o…” ladeó el rostro encogiendo sus hombros, con aparente calma.

“El es mi blanco, Xiah,” respondió la persona de brillante traje negro con calma. “Y si tengo que pasar sobre ti…” dijo,  súbitamente dándole un golpe en la quijada a Junsu, tomándonos a ambos por sorpresa, haciéndolo caer sonoramente en el suelo. “Lo haré sin flaquear, tu mejor que nadie sabe cómo es este negocio, si no lo hago yo, enviarán a alguien más a hacer el trabajo, y junto a él caeré yo.” Dijo apuntando a Junsu con su pistola.

Sentí que el mundo de detuvo, y lo único que podía escuchar eran mis latidos, miré al hombre, luego a Junsu, luego miré a mis pies…

BANG!

El sonido ensordecedor de un arma de fuego al ser disparada hizo eco en la oscura noche.

Junsu yacía inmóvil en el suelo, y la sangre manchaba su cuerpo, mientras que el hombre colapsaba en una pila de carne muerta al lado de él, y yo sostenía entre mis manos el arma de Junsu, que al caer él al suelo, rodó hasta chocar contra mis pies.

Estaba horrorizado, pero no por lo que acababa de hacer, estaba horrorizado, por la falta de emociones. Se suponía que debería de sentir asco al ver tanta sangre junta, se suponía que debería de sentir miedo, culpa, terror, por haber matado a una persona, pero mi mente, cuerpo y alma carecían de ellos.

Lo único que me importaba era que el desgraciado de Junsu estuviera con vida.

Caminé hacia el cuerpo, aun apuntándolo con el arma y lo pateé ligeramente, cerciorándome de que si estuviese muerto. Junsu se sentó, apoyando sus brazos en sus rodillas y me miró con esa sonrisa lasciva que siempre tenía en el rostro. “Wow…” exclamó sin mucha emoción.

Lo miré y el arma pasó a apuntarlo a él directamente en la cabeza.

Junsu simplemente arqueo una ceja y dijo. “Me matarás ahora a mi? Preguntó con el mismo tono.

Baje un poco el arma y hale del gatillo.

BANG!

Otro disparo hizo eco, Junsu tenía sus ojos cerrados, pero permanecía en la misma posición. Los abrió lentamente, mirando hacia abajo, encontrándose con un hoyo en el suelo de madera a unos escasos cinco centímetros de su hombría.

“Si alguna vez pasa por tu retorcida cabeza aceptar dinero a cambio de mi muerte” dije entre dientes. “me aseguraré de llevarte conmigo al infierno, maldito.”

Junsu volvió a sonreír, pero esta vez fue una sonrisa completa, se puso de pié y se acercó a mí, tomando la pistola de mis manos. “Está bien Jae, no te mataré…” le colocó el seguro y la lanzó a la cama. “a menos que me paguen suficientemente bien” añadió con una sonrisa burlona e inmediatamente recibió un golpe nada juguetón en el brazo.

“Ouch…” exclamó.

“Te quejas? Si tengo entendido que te gusta el dolor…” dije copiando su mueca.

“… más si me lo infringes tú…”

…Ahora sé que tengo que huir, que tengo que escapar del dolor que me causas. Todo parece esparcirse en la nada. He perdido mis esperanzas, solo me doy la vuelta, no he podido conciliar el sueño por las noches, pero ahora estás ahí. Una vez corrí hacia ti, luego solo intentaba escapar de este vil amor. Ahora simplemente, no me importa, toma mis lágrimas, aunque no sea lo único… te amo, aunque me duela…

[Oneshot] Pic up the phone.

Título: Pic up the phone
Autora:
Vi-Chan
Pareja:
YunJae
Extención:
Oneshot



Atiende el teléfono…

Se despertó de golpe con un profundo suspiro sentándose en seguida, retirando las mantas que le cubrían notando cómo el sudor frío le corría por la sien.

Le había escuchado tan claramente, casi sintiendo el cálido aliento chocando en su oído el cual le hizo erizarse con furia, y no pudo evitar dar un respingo al escuchar el teléfono sonar.

Atiende el teléfono…

Volteó rápidamente hacia la izquierda encontrándose con la ventana cerrada, vislumbrando a través de las cortinas translucidas la silueta deforme de la luna, y más oscuridad. ¿De nuevo empezaba a imaginar cosas?

Ring

Regresó su atención hacia el teléfono estirando una de sus manos hacia este notando como le temblaban levemente, no tenía la mas mínima idea del por qué de sus nervios pero ahí estaban, presentes, haciéndole sentir con mas vida, haciéndole latir el corazón a mil por hora.

-…- atendió su celular sin hacer ruido alguno, esperando por la voz del otro lado –Lo siento…- escuchó en una voz tan familiar que le hizo flaquear las rodillas, agradeciendo que aún se encontraba en la cama, de lo contrario habría caído sin duda alguna al suelo. -Necesito que vengas…-

El nudo en su garganta le impedía dar respuesta alguna y sabiendo que era la peor idea del mundo, se puso de pie tomando sus zapatos deportivos –¿En dónde estás?- pregunta al momento en que se colocaba el calzado, importándole poco salir con ropa de dormir, igual el grueso abrigo se encargaría de cubrirlo todo.

-En casa… -asintió tomando las llaves de su auto, con todas sus alarmas internas disparadas y gritándole que no era una buena idea, que debía quedarse en casa… Después de lo ocurrido la noche anterior sabia que lo último que debía hacer era encontrarse nuevamente con ese hombre, y menos a solas. –Lo siento… -murmuró el hombre de voz grave nuevamente a través del auricular- no cuelgues… quédate conmigo hasta que llegues, ¿sí? Por favor… -resopló maldiciéndole mentalmente, odiaba el control que podía tener sobre sí, y más odiaba amarle tanto. Sabía que algún día ese amor le iba a costar caro.

Entró en su auto poniéndolo en marcha rápidamente hacia el sur de la ciudad, hacia esa casa en donde por tantos años vivieron juntos, esa casa a la cual no podría volver más. No después de lo sucedido…

-lo siento…
-¿quieres dejar de decir eso?
-Lo siento…

Bufó sintiendo su molestia subir cada vez más, acelerando simplemente para sentir la adrenalina bombear por su cuerpo en un intento inútil de olvidar el dolor causado, las promesas rotas, los sueños destrozados y esas ansias y ganas de verle que le carcomían desde adentro.

Hizo caso omiso a letreros y luces rojas, necesitaba llegar a casa. No sabía en qué punto pasó del terror de regresar a la necesidad de hacerlo, pero –Lamento mucho haberte hecho eso… Lo siento…- seguía repitiéndole desde el otro lado de la línea. -¿Sabes?- le contestó finalmente llegando al límite, dando un cruce hacia la derecha con brusquedad haciendo que las llantas chillaran en el asfalto. –He intentado tantas veces curar mis heridas…- otro cruce y un fuerte frenazo, resoplando con furia saliendo del auto lanzando la puerta del mismo. –Te he amado tanto que duele, ¡duele!- grita hacia el móvil, abriéndose paso por la puerta de la entrada sin importarle que esta se encontraba sin seguro, solo quería llegar hasta él, voltearle el rostro de un solo golpe y besarle hasta el cansancio.

-Estoy asqueado y cansado de estar peleándonos, de las mentiras, las lágrimas, el estar llamando a tu madre, los insultos, nos fastidiamos mutuamente, nos besamos y revolcamos sobre las sabanas y todo está bien?- frunce el ceño deteniéndose a mitad del pasillo notando todas las luces apagadas pero  continúa. –es un circulo vicioso y realmente no comprendo las peleas, los golpes, los gritos… ¡me rompiste la maldita muñeca! –le grita al celular sintiendo sus ojos arder a causa de las lágrimas que rodaban por sus mejillas, deteniéndose frente a la habitación que por tantos años compartieron juntos, tantos momentos felices, tristes y dolorosos.

-Hasta que la muerte nos separe, ¿recuerdas…?- se detuvo en seco con la mano sobre la perilla de la puerta al escuchar su voz, empezaba a sonar diferente pero a la vez, igual.
Con el temblor nuevamente instalado en sus manos y cuerpo abrió la habitación, vislumbrándole de espaldas en el escritorio donde solía trabajar hasta tarde. El ordenador se encontraba apagado al igual que las luces, solo podía distinguirse su silueta recortada gracias a la tenue luz de la luna que se colaba a través de la ventana abierta. –Aquí estoy… -murmuró de forma casi inaudible, sin saber por qué aun sostenía el móvil contra su oído teniéndole en frente.

-Lo siento…-

Escuchó el murmullo a través de la bocina mientras se acercaba a él a pasos lentos, viéndole recostado del escritorio, apretando la mandíbula al momento en que levantó una de sus manos colocándola en el hombro de su pareja, moviéndole un poco. –dije que—
Una de las manos del hombre calló desde el escritorio quedando laxa colgando en uno de sus costados, dejando caer de esta un arma, sintiendo como el eco del golpe de la misma contra el suelo de madera se hacía mas y mas fuerte.

No…

Fue en ese entonces cuando se dio cuenta de que el suelo bajo sus pies estaba oscurecido y viscoso, fue entonces cuando notó que en la otra mano de ese que llamó por tantos años el amor de su vida se encontraba el teléfono de la casa, mientras que sus ojos inexpresivos y sin vida miraban fijamente algún punto de la pared. Fue entonces cuando notó que la luna le dejaba ver el cráneo expuesto y esparcido sobre el escritorio, de la persona que más daño le hizo, la persona que más feliz le hizo.

-Lo siento…

Cayó sentado en el suelo manchando así sus ropas de la sangre oscura y putrefacta, lentamente separando el móvil de su oído llevándolo hacia el frente, dejándolo caer hacia el suelo al notar que este se encontraba apagado. El mismo había apagado el celular antes de acostarse a dormir.

-Te amo… Jaejoong.

Yunho…

Hoy es 16 de Enero del 2012 -que novedad-

Desde el 14/10/10 que no hago una entrada. Muchas cosas han pasado desde entonces y por esto es que abandone el blog pero... Realmente espero poder volver a este rinconcito, extraño postear mis loqueras, mis dibujos, mis opiniones y piratear a mis artistas favoritos colocar mis escritos.

No he escrito más, tan solo uno que otro oneshot en todo este tiempo y es realmente triste puesto que solía escribir a diario y ahora simplemente no me sale, cosas que pasan...

Pero bueno, solo eso... si aún existe alguien que lee este blog pues, eso. Quizá les postee la discografía del JYJ que es lo único que tengo subido, tengo demasiado tiempo sin internet y al que logro robar acceder con la laptop no me deja subir nada al mediafire, a duras penas tonterías al megaupload asi que... conformense(?)

Tambien tengo un par de fotitos por ahí en calidad HD como las que solía postear así que quizá tenga algo que ofrecerles y si no pues jodanse que se le hace :3